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El matrimonio y su propósito

El matrimonio

La palabra Matrimonio viene del latín matrimonium, que se deriva de matrem-madre y monium-calidad de; para significar que uno de los propósitos del matrimonio es la bendición de formar una familia con hijos. 

Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra.  Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió. Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Gn 1.26-28

De acuerdo a la Palabra de Dios el matrimonio es el pacto formal entre un hombre y una mujer de unir sus vidas hasta que la muerte los separe, para amarse, ayudarse, cuidarse y respetarse. 

El matrimonio es una institución de Dios para algunos de sus hijos; y no una invención de la sociedad. Por eso es la Palabra de Dios quien reglamenta todo sobre el matrimonio; y este no depende de las costumbres, o pensamientos del hombre. 

Nuestra Confesión de Fe de Westminster en su Capítulo 24 sobre el Matrimonio y el Divorcio dice: 

  • El matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer; no es lícito para ningún hombre tener más de una esposa, ni para ninguna mujer tener más de un marido, al mismo tiempo (Gn. 2.24; Mt. 19.5,6; Pr. 2.17; 1 Co. 7.2; Mr. 10.6-9).
  • El matrimonio fue instituido para la mutua ayuda de esposo y esposa (Gn. 2.18), para multiplicar la raza humana por generación legítima y la iglesia con una simiente santa (Mal. 2.15), y para prevenir la impureza (1 Co. 7.2,9).
  • Es lícito  para toda clase de personas casarse con quien sea capaz de dar su consentimiento con juicio (Heb. 13.4; 1 Ti. 4.3; Gn. 24.57,58; 1 Co. 7.36-38);  sin embargo, es deber de los cristianos casarse solamente en el Señor (1 Co. 7.39). Y por lo tanto los que profesan la verdadera religión no deben casarse con los incrédulos, papistas u otros idólatras; ni deben, los que son piadosos, unirse en yugo desigual, casándose con los que notoriamente son perversos en sus vidas o que sostienen herejías detestables (Gn. 34.14; Ex. 34.16; Dt. 7.3,4; 1 R. 11.4; Neh. 13.25-27;  Mal. 2.11,12; 2 Co. 6.14).
  • El matrimonio no debe contraerse dentro de los grados de consanguinidad o afinidad prohibidos en la Palabra de Dios (Lv. 18; 1 Co. 5.1; Am. 2.7), ni pueden tales matrimonios incestuosos legalizarse por ninguna ley de  hombre, ni por el consentimiento de las partes, de tal manera que esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer (Mr. 6.18; Lv. 18.24-28).
  • El adulterio o la fornicación cometidos después del compromiso, siendo descubiertos antes del casamiento, dan ocasión justa a la parte inocente para anular aquel compromiso (Mt. 1.18-20). En caso de adulterio después del matrimonio, es lícito para la parte inocente promover su divorcio (Mt. 5.31,32), y después de éste, puede casarse con otra persona como si la parte ofensora hubiera muerto (Mt. 19.9; Ro. 7.2,3).
  • Aunque la corrupción del hombre sea tal que le haga estudiar argumentos para separar indebidamente a los que Dios ha unido en matrimonio, sin embargo, nada sino el adulterio o la deserción obstinada que no puede ser remediada, ni por la iglesia ni por el magistrado civil, es causa suficiente para disolver los lazos del matrimonio (Mt. 19.6-9; 1 Co. 7.15; Mt. 19.6). En este caso debe observarse un procedimiento público y ordenado, y las personas involucradas en él no deben ser dejadas en su caso a su  propia voluntad y discreción (Dt. 24.1-4; Esd. 10.3).

En resumen los propósitos del matrimonio son: 

  • El compañerismo. 

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe”. Eclesiastés 4.9-12. 

Para esto es necesario que los esposos disfruten de tiempo juntos. Que nunca dejen de ser amigos. El esposo necesita dar tiempo a su mujer para escucharla con atención; la mujer debe estar dispuesta a acompañar a su esposo, aunque a veces él no hable mucho. 

  • La ayuda mutua.

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él”. Génesis 2.18.

Hombres y mujeres tenemos características diferentes para complementarnos y ayudarnos mutuamente. 

  • La procreación. 

“Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Génesis 1.28. 

Dios estableció el matrimonio para la formación de la familia con hijos. No todos los matrimonios logran tener hijos, en estos casos la adopción es una opción. No es pecado usar métodos anticonceptivos temporales o definitivos; pero en el caso de los temporales se debe tener cuidado que éstos no dañen la salud. El aborto ocacionado por no desear tener un bebé, es un pecado, pues Dios dice no matarás. Éxodo 20. 13.

  • El placer  

“Sea bendito tu manantial; Y alégrate con la mujer de tu mocedad. Como cierva amada y graciosa corza, Sus pechos te satisfagan en todo tiempo; Y en su amor recréate siempre”. Proverbios 5.18,19

“El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido. La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer. No os defraudéis el uno al otro, á no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración: y volved á juntaros en uno, porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia”. 1 Corintios 7.3-5 

El matrimonio no es solamente para procrear sino también para el placer sexual de los esposos. 

  • Evitar la impureza 

“CUANTO á las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer. Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido” 1 Corintios 7.1,2. 

Si no hubiera matrimonio, los conflictos por celos serían incontrolables. Aumentarían las enfermedades de transmisión sexual. Aumentarían la inmoralidad y conflictos sociales.

Autor: Ps. Ramón De Jesús

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