Sermones

El propósito de la disciplina en la iglesia | Ps. Ramón De Jesús | 24/03/19

LA ADMINISTRACIÓN FIEL DE LA DISCIPLINA

 

Nuestro pasaje nos indica en v. 1: 4 Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”; esto implica  que cuando disciplinamos, glorificamos su nombre porque contribuimos a reivindicar su santidad.

La disciplina de los miembros del cuerpo de Cristo,  descrita en Mateo 18: 15-20, se hace necesaria cada vez que la santidad de Dios ha sido violada, trayendo así vergüenza y cuestionamiento a la iglesia por parte de los incrédulos; a causa del mal proceder de uno de sus miembros.

15. Por tanto, si tu hermano peca contra ti,  ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16. Más si no te oyere, TOMA AUN CONTIGO A UNO O DOS, PARA QUE EN BOCA DE DOS O TRES TESTIGOS para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17. Si no los oyere a ellos dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18.  De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será desatado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. 19. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

 

En esos casos es necesario reivindicar la santidad del Señor;  corregir al hermano que ha pecado y ayudarlo a ser restaurado a través de un proceso disciplinario que procure sanar las heridas y los daños causados a la iglesia, mientras se ayuda  a la persona que ha faltado, al mismo tiempo, a fortalecer su carácter, de manera que esta falta no vuelva a ocurrir nuevamente. Además, cuando se hace esto de una manera bíblica, el proceso sirve para advertir a los demás acerca de la gravedad del pecado y del peso de las consecuencias que el pecado trae sobre el hombre.

Lamentablemente, en los últimos años, cada vez menos iglesias están dispuestas a honrar un proceso como este.  No creo que sea pura coincidencia el hecho de que esta práctica haya perdido fuerza en los precisos momentos en que el creyente ha estado trivializando la santidad de Dios.  Cada vez que le perdemos el miedo reverente a nuestro Dios, le perdemos el miedo al pecado y cuando esto ocurre, el pueblo de desenfrena. Para restaurar el respeto por la disciplina de la iglesia, primero debemos levantar la conciencia acerca de la imagen de Dios y todo lo que El representa; hasta que esto no ocurra, tampoco se podrá apreciar la importancia del proceso disciplinario.

La iglesia de Cristo tiene dos características muy específicas que necesitamos revisar y recordar:

    1. Fue llamada o establecida desde la eternidad.
  • Fue llamada a vivir en santidad. (hebr. Kadesh.,   gr. Hagios.). en ambos términos ser refiere a algo que fue llamado o apartado de lo normal, lo común, lo ordinario, para algo muy especial. Si Dios es santo, su iglesia ha de ser santa.  Probablemente sea esa una de las razones por la que, cuando Cristo se refiere a la iglesia por segunda vez en Mateo 18, comienza hablando del ejercicio de todo aquello que ayudaría a mantener su santidad, esto es, el ejercicio de la disciplina dentro del cuerpo de Cristo.  El ejercicio o la aplicación de la disciplina es lo que mantiene pura y santa a la iglesia, y de esa santidad dependen su poder y su autoridad. La iglesia de hoy carece de poder para transformar la sociedad porque carece de la santidad debida.-

APLICACIÓN:

La iglesia de nuestros días necesita reencontrar las razones de su existencia.  La proclamación del mensaje de Dios, a la manera de Dios en el poder de Dios y para la gloria del mismo Dios, es el motivo por el cual Cristo dejo instituida su iglesia.  Si Dios no es el centro de su iglesia, el hombre pasara a serlo; si su Palabra no es sobre lo que ha de descansar nuestra evangelización, nuestros métodos y estrategias lo serán; Si el Espíritu Santo de Dios no ha de ser el poder por medio del cual hacemos crecer la iglesia, la sabiduría del hombre ocupara su lugar.

La iglesia de Cristo, en muchas ocasiones, no ha tenido la credibilidad necesaria en el mundo de hoy, pero en parte se debe a que la iglesia de hoy ha olvidado cuál es su manual de instrucciones y ha querido levantar una institución divina a través de concepciones humanas.  Tenemos que recobrar la confianza en la Palabra de Dios para ver los resultados que queremos ver. Dios jamás bendecirá aquello que no es conforme a su estándar.

El poder de una iglesia no radica en el hombre, sino en Dios y, por tanto, tenemos que cuidarnos de hacer iglesia de una manera que exalte la gloria de Dios, no solo a la hora de alabar y adorar, sino a la hora de evangelizar.   El hombre nunca puede ser el centro de lo que Dios hace…Dios si lo es. Y cuando hacemos las cosas para exaltar su nombre, poniéndolo en primer lugar, nosotros somos los primeros beneficiados.

Autor: Ps. Ramón De Jesús

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