Sermones

La unidad de la Iglesia es mi responsabilidad / Emeterio Soriano / 20/01/19

Predicador - Emeterio Soriano

La unidad de la iglesia en mi responsabilidad

Colosenses 3: 12-13

Introducción  

La carta a los Colosenses se escribió desde Roma, mientras el apóstol Pablo se encontraba en su primer encarcelamiento en esta ciudad, al tiempo que se escribió la Epístola a los Efesios y la Epístola a Filemón. De aquí que más de la mitad del contenido de los Colosenses se encuentre más desarrollado en Efesios, esto evidencia una escritura temprana de Colosenses respecto a Efesios, además de hacer notar que ambas congregaciones se enfrentaban a peligros similares.

En tal sentido el apóstol Pablo escribe a los creyentes de Colosa para contrarrestar las enseñanzas de que Cristo no era suficiente, y que necesitaban: una iluminación especial, adorar seres angelicales, cumplir con la ley de Moisés y practicar cierto ascetismo (Doctrina y actitud que busca la perfección del hombre por sus propios medios mediante la práctica de una vida austera y mortificante). Estos creyentes tenían tendencias al paganismo, pues eran gentiles, y al judaísmo, mezclado con la verdad del evangelio.  

No es sorpresa que esas falsas enseñanzas hayan afectado la unidad de la iglesia. El apóstol les hace un llamado a que evidencien ciertas virtudes en sus vidas. Debían asumir la conducta de Cristo como modelo a seguir en cuanto a la unidad. Juan 17: 21-23

¿Cuáles herramientas ha recibido el creyente para cumplir con su responsabilidad? (3:12a)

En esta sección del capítulo se describe la base de las virtudes cristianas. «Como escogidos de Dios, santos y amados.» Esta es una frase adverbial. Lo que el escritor desea decir puede expresarse de este modo: «Como escogidos de Dios, santos y amados [lo que en verdad sois), vestíos…». Pablo apela a tres realidades al hacer su exhortación. Debemos notar el vocabulario descriptivo que usa el apóstol.  

Estas herramientas son:

    1. Escogido de Dios. Esta palabra se usa para describir al pueblo de Dios. Pablo dice «todo lo soporto por amor de los escogidos…» (2 Timoteo 2:10). « ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» (Romanos 8:33). Debe observarse que el creyente es «escogido de  Dios». La expresión «de Dios» se usa para describir o definir. La clase de escogidos a que Pablo se refiere es «de Dios».
    1. Santificado para Dios. En el lenguaje bíblico esta palabra significa «separado para Dios». Santificar no significa «hacer santo» sino separar. Por ejemplo, en 1 Pedro 3:15 dice que «santifiquemos a Dios en nuestros corazones». Obviamente, no podemos hacer a Dios santo, pues Él ya es infinitamente santo. Por lo tanto, cuando se usa la palabra tocante a los creyentes la idea es describir a un pueblo que ha sido apartado para Dios. Un pueblo que vive y camina santificándose día a día.
    1. Amado por Dios. La palabra amor aquí se halla en el tiempo perfecto, tiempo verbal que sugiere la idea de una acción completada cuyos resultados continúan. Dios ama a sus escogidos con un amor constante y perfecto.

¿Cuáles son los componentes de nuestra responsabilidad? (3:12b)

En estos versículos Pablo habla de la naturaleza de las virtudes cristianas. El imperativo presentado por el Apóstol es: «vestíos… de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (3:12b). Examinemos, pues, estas virtudes de las que el cristiano debe vestirse.

Querido hermano: ¡Quítese la ropa de pelear y vístase de Cristo!

Vestirse de Cristo consiste en:

    1. Vestirse de una profunda misericordia (misericordia que procede del centro de las emociones). En realidad la expresión es más bien un hebraísmo (Lucas 1:78) que describe una compasión profunda
    2. Vestirse de benignidad. Es dulzura, esto es, que seamos fáciles de llevar. Es mostrar a través de acciones concretas gracia y ternura. A diferencia de lo que muchos han aprendido de ser cristianos, el cristianismo cristiano (haciendo una distinción con la falsificación farisaica que se intentaba introducir en la iglesia de Colosas) evidencia dulzura, gracia y ternura, el aroma de Cristo. 2 Corintios 2:14-15
    3. Vestirse de humildad. Una humildad que comienza en nuestra relación con Dios (1 Pedro 5:6) y sigue el ejemplo de Jesucristo (Filipenses 2:3,8). En la carta a los Colosenses se enfatiza la supremacía de Cristo, sobre todo y todos. Colosenses 1:17; 3:11, de ahí que esto debe estar en la mente al momento de relacionarnos como creyentes. Pero el apóstol además recuerda el pasado de los colosenses (Colosenses 2:13) como un recordatorio de que sin Cristo todos estarían en la misma condición. Recordar de donde Dios saca o levanta una persona siempre es una fuente de gratitud. Salmo 103: 1-5, 14
    4. Vestirse de mansedumbre. Es aquella disposición de espíritu con la que aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos, y por ello sin discutirlos ni resistirlos. Este término está estrechamente relacionado con la palabra humildad, y es una directa consecuencia de ella (Efesios 4:2; Colosense 3:12); no es actuar débilmente por no tener poder para actuar de otra manera, es obedecer al mandato del Señor a Pedro: “guarda tu espada”, en realidad la tienes y la puedes usar, pero yo escojo para ti un camino superior. Mateo 26:52-53
    5. Vestirse de paciencia (Control de uno mismo para no reaccionar con violencia). La paciencia es fruto del Espíritu, así que todos tenemos que procurar evidenciar esta virtud, que es mucho más que esperar mucho tiempo en un lugar para ser atendidos. Es lo opuesto a la ira. Ira que nos acecha constantemente a unos más que a otros, pero a todos.

Y es que en las relaciones sociales nos vemos expuestos a mucha fricción, teniendo la tendencia de ofender o de ser ofendidos con cierta facilidad. De ahí que estas virtudes tengan asiento en el interior pero efectos en el exterior. Se requiere por lo tanto de nosotros que demos fruto digno de arrepentimiento. Jesús dijo: “del buen árbol se toma buenos frutos”. Mateo 7:17  

“Nuestra relación con Cristo define el resto de nuestras relaciones”

¿Cuál es la evidencia de que estoy cumpliendo con mi responsabilidad? (3:13).

    1. Soportando a los hermanos débiles (3:13a). El soportar significaba estar dispuesto a sufrir por otras personas, pero no en el sentido de buscar que le hagan daño en forma pasiva, sino que debemos estar listos a sufrir por otros mientras procuramos ser de ayuda o estamos tratando de enseñarles algo. No es un mandato para algunos solamente, no hay excepciones.

Es algo recíproco, es decir, algo en lo cual ambas partes tienen la misma responsabilidad.

  1. Perdonando a los que se quejan (3:13b).  

De la mano con esto va el acto mismo de perdonar; no podemos ayudar a otros si no estamos listos a perdonar. En esta parte del versículo en apóstol usa un reflexivo en el que sólo el sujeto participa de la acción. La idea aquí parece ser la siguiente: El soportarse unos a otros es una responsabilidad que recae equitativamente en cada creyente, pero el perdonar es una responsabilidad personal. No importa lo que la otra persona haga, yo debo perdonarlo. La palabra perdonar significa otorgar un favor de forma incondicional, proviene de la palabra gracia. Perdonar es una gracia divina, pero aquellos que han recibido la naturaleza divina, tienen la responsabilidad y la capacidad de perdonar.

El Señor Jesucristo dejó regulaciones desde su primer sermón acerca del perdón. Regulaciones y restricciones del perdón en relación con la oración. Marcos 11:25-26, Cristo no solo dijo cómo hacerlo, sino que mostró cómo hacerlo en su propia vida.

“Yo perdonaré si me piden perdón”, decimos algunos, pero perdonar no es una respuesta, es una propuesta. Dios nos perdonó, es decir, dispuso los medios para nuestro perdón antes de que pidiéramos perdón por nuestros pecados. El modelo es un modelo de humildad no de superioridad, no somos dioses que impartimos perdón o clemencia a los que se nos humillan y ruegan ante nosotros.

Somos gente débil que recibimos una gracia inmerecida y debemos estar dispuestos siempre a ofrecer el perdón conforme al ejemplo de Jesús.

2. Imitando a Cristo (3:13c).

Para que no olvidemos la preeminencia de Cristo en nuestras relaciones sociales, Pablo nos recuerda que en él tenemos el ejemplo: así como el Señor (la mejor lectura en el texto original), el dueño de todo, el que está sobre toda la creación nos perdonó, asimismo es nuestra responsabilidad perdonar.

La muerte de Cristo y el perdón de Dios a través de Cristo dado a nosotros no sólo es un fin en sí mismo. Es también una causa, para darnos un patrón de perdón.

Nuestro modelo en las relaciones interpersonales en el “aquí” es lo que hizo Dios en el “allá”, en la eternidad y cómo esto se hizo historia en la muerte de Cristo.  

Y ahí está el modelo, la severidad de que cualquier ofensa hacia nosotros no puede llegarle a eso, como dice el escritor de Hebreos, “no habéis sufrido hasta la sangre”. Ninguno de nosotros ha soportado lo que Cristo soportó y Él perdonó a todos nosotros. Y Él estableció el patrón, el ejemplo y el modelo. Debemos perdonarnos unos a otros, porque es característico de los santos hacerlo. Y en segundo lugar, porque esto sigue el patrón de Cristo. En tercer lugar, debemos perdonarnos unos a otros porque esto expresa la virtud más elevada del hombre. Proverbios 19: 11

Hay dos tipos de perdón, uno es un perdón posicional. El otro, es uno práctico. Uno, tiene que ver con nuestra posición y nuestro estado delante de Dios. El otro, tiene que ver con nuestra vida en el mundo. Y el Señor desempolva nuestros pies. Simplemente, es como Juan dijo en 1 Juan, ¿no es cierto? “Tenemos comunión con el Padre, pero les estoy escribiendo estas cosas no para que tengan comunión. Ya están en la comunión por salvación, sino para que vuestro gozo sea cumplido.” Es un gozo y utilidad y productividad y su bienestar espiritual. Ése es el punto aquí.

Dios nos perdonó en Cristo:

  1. Completamente. Colosenses 2:13-14
  2. Gratuitamente. Romanos 3:24
  3. Voluntariamente. 1 Juan 3:16

Autor: Emeterio Soriano

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