Sermones

Una iglesia que glorifica a Dios | Ps. Ramón De Jesús | 03/04/19

Una iglesia que glorifica a Dios 1

2 Tesalonicenses 1:1-12

Introducción:

Hoy día vivimos en una época de gran decadencia en el orden social, político, moral, espiritual y la iglesia de este siglo  no ha escapado a ser afectada por este estado de cosas en que vivimos. Lamentablemente, algunas iglesias evangélicas modernas tienen más miembros que nunca, pero también son menos profundas que nunca y por ello, algunas de ellas, a pesar de la buena intención de sus líderes y por la falta de instrucción bíblica apropiada, se han convertido en emocionales en su percepción, relativas en sus conceptos y espiritualizadas en sus prácticas. Este tipo de iglesia no glorifica a Dios.

Existen congregaciones que son “morgues con campanario” debido a que están llenas de muertos que cantan bien, oran bien, ayunan bien, pero viven mal; porque sus vivencias humanas no reflejan los valores divinos,  existen congregaciones que van camino a la muerte por que el libro de estatutos y reglamentos es más grueso y consultado que la Biblia. Este tipo de iglesia no glorifica a Dios. Existen congregaciones tan innovadoras que han innovado su interpretación bíblica, y e vez de predicar la verdad revelada sabiamente, interpretan y enseñan las Escrituras alegóricamente.  Existen cada vez más motivadores evangélicos y cada vez menos predicadores bíblicos, y aumenta el número de líderes que enseñan lógicamente en vez de hacerlo tecnológicamente. Este tipo de iglesia puede reunir muchas personas por lo atractivo del sistema, pero no se ha desarrollado para glorificar a Dios.

Asistir a una congregación con líderes bien intencionados, pero mal preparados es decepcionantes, pero además es no actuar conforme a la gloria de Dios.

Debemos saber que interpretando bien la Biblia podemos tener congregaciones que glorifiquen a Dios, porque la Verdad divina no fue revelada para que sea leída o admirada; sino para que sea bien interpretada a fin de que pueda ser bien proclamada y bien aplica. Dios nunca nos decepciona y la Palabra de Dios siempre funciona, Dios prometió que su Palabra nunca volvería vacía y que siempre cumpliría el propósito para el cual fue revelada. Jesucristo dijo que toda su Palabra, hasta la última tilde se cumpliría y los apóstoles aseguraron que esa Palabra de Dios nos transforma, nos corrige, nos enseña, nos exhorta y es toda verdad.  Entonces, ¿Por qué existen iglesias conformadas a la manera de los hombres? La respuesta es sencilla. Los únicos culpables de que no seamos receptores de los beneficios que Dios ofrece somos los cristianos que esperamos que Dios cumpla promesas que nosotros nos atribuimos, y pero que no fueron escritas para nosotros.

Ahora bien, quiero dejar claramente establecido el hecho de que nuestra iglesia está muy lejos de ser la iglesia modelo.  Si lo creyéramos, esa sola idea nos descalificaría para hablar sobre este tema y sobre todo con este título. La verdad es que las ovejas y los líderes de toda iglesia comparten algo en común, su condición caída y la naturaleza carnal que lucha contra los deseos del Espíritu, según leemos en Gálatas 5: 17.  Por tanto las manifestaciones propias de la carne son visibles de una u otra manera en todas las iglesias de este lado de la gloria. Ciertamente, esas tendencias las vemos más o menos marcadas y con mayor o menos frecuencia en la medida en que las iglesias permanecen más o menos cercanas del estándar de su Palabra y conforme a como su liderazgo modela o no, para la congregación, una vida de integridad, de transparencia y de vulnerabilidad.

En nuestro texto bíblico, II Tesalonicenses 1: 1-12, en el v. 12, Pablo expresa el propósito de su oración por le iglesia en Tesalónica: “Para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo”. La primera parte de este versículo expresa que el propósito de la oración  del Apóstol por esa iglesia era que el nombre del señor Jesucristo sea glorificado en ellos. De igual manera el propósito de esta serie sobre el tema de la ECLESILOGIA o doctrina de la iglesia es que podamos ser uno en que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en nosotros, esta es la razón de ser del título de esta serie.

La iglesia en Tesalónica, aparentemente, había entendido lo que implica ser una iglesia que glorifica a Dios, a pesar de sus imperfecciones, Pablo les dice en este momento de su historia, “no tenemos necesidad de hablar nada”.  Nada que corregirles ni nada que reprocharles,  No tenemos los detalles de cómo esta iglesia llego a ser lo que llego a ser, pero sin lugar a dudas, una de las razones principales fue la característica que Pablo resalta en esta carta:

Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis la Palabra de Dios, que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, si no como lo que realmente es, la Palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis”. I Tesalonicenses 2: 13.

Cualquier enfermedad que experimente la iglesia de Cristo, exhibirá síntomas que nos permitirán encontrar la raíz del problema en una mala teología, usualmente con una mala aplicación. La Palabra es el ancla que mantiene a la iglesia unida, estable, segura y cerca del puerto que no es otro que la gloria de Dios. La Confesión Bautista de Fe De 1689, en su artículo 26, numeral 3, dice lo siguiente: “Las iglesias más puras bajo el cielo están sujetas a la impureza y al error, vv.1Cor. 1: 11;  3 Juan 9,10,  y algunas se han degenerado tanto que han llegado a ser no iglesias de Cristo, sino sinagogas de Satanás v. Apoc. 2:9; 3:9. Sin embargo, Cristo siempre ha tenido y siempre tendrá un reino en este mundo, hasta el fin del mismo, compuesto de aquellos que creen en el y profesan su nombre”.

Un autor contemporáneo expresó lo siguiente:Al observar el desarrollo de las iglesias, es frecuente que estas se enfermen en sus primeros años de crecimiento, por lo cual será necesario un trabajo continuo de revisión, confesión, arrepentimiento y redirección. Las iglesias son plantadas y comienzan a crecer, y en el proceso de crecimiento comenten muchas inmadureces al igual que ocurre con los niños y jóvenes durante su proceso de crecimiento y maduración.  Todos eventualmente pasamos a la edad adulta, pero muchos son los que se quedan en la adolescencia emocional y espiritual, y así ocurre con las iglesias. Si es bien cierto que la perfección es inalcanzable en este momento de la historia de la redención, no es menos cierto que la Palabra nos llama a ser maduros V. Efesios 4:13.”.

Con esta idea en mente, hemos querido iniciar esta serie de sermones que contribuyan a la madurez de la vida espiritual de la iglesia, aunque debo confesarles que esto requerirá mucho más que un mero conocimiento intelectual de las verdades de la ECLESIOLOGIA.

Sabemos por la Palabra que no basta con abrazar la ortodoxia; es necesario también tener una ortopraxis; una práctica correcta de lo que el texto bíblico señala. Hay varias maneras en las que la práctica ha hecho daño a muchas de las iglesias de Cristo.
  • Podemos predicar la doctrina correcta y no vivir por ella.  Eso debilita la autoridad de la Palabra frente a ese pueblo que escucha, y le resta credibilidad al liderazgo que la dirige.  Tenemos que evitar el convertirnos en buenos oidores, sin nunca llegar a ser buenos hacedores como nos advierte Santiago 1: 22. Igualmente:
  • Podemos incurrir en el error de tener una buena exposición de la Palabra y entendimiento de la práctica, pero no ser cuidadosos al aplicar el estándar de Dios dentro de nuestras iglesias, sobre todo cuando este es aplicado selectivamente a unos sí y a otros no.  Esto ha sido causa de descontento, salidas y divisiones en muchas de las congregaciones de los santos.
  • Por otro lado, la ortodoxia y la ortopraxis de la doctrina se benefician mutuamente cuando estas van acompañadas de un liderazgo transparente y que no temen a ser vulnerables ante el pueblo de Dios.  Esa es la esencia de la humildad, de la no pretensión y la forma clara de transmitir a las ovejas el mensaje de que nosotros tampoco hemos llegado a la meta. Cuando esto no está presente, la congregación llega a la conclusión errada de que sus líderes carecen de debilidades y no se ven estimulados a la confesión de sus pecados porque nunca han oído a sus líderes hablar de sus faltas.  La congregación se convierte en un pueblo que vive con la idea de que “yo estoy bien y tú estás bien”, como decía un autor en el título de su libro sobre la iglesia.

Oro al Señor que esta serie pueda traer luz a nuestros corazones, sobre la verdad de que, como todos, como miembros de esta iglesia local, debemos hacer lo pertinente, a los fines de que esta llegue a ser UNA IGLESIA QUE GLORIFICA A DIOS.  Todos debemos trabajar unidos en el logro de este gran propósito, Amen.

Autor: Ps. Ramón De Jesús

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